Entre el sonido y el silencio

Antes figurativo, volumétrico y minucioso. Ahora, altamente conceptual y espacial. El material en la obra de este artista se entreteje para narrar el tiempo y el movimiento. Como una obra musical que combina sonidos y silencios coherentes, el colombiano Jerónimo Villa combina múltiples elementos para crear historias.

Aferrado a la misma técnica y material por muchos años (el alambre y el cobre), se catalogó “alambrista” antes que artista. Un disfraz de Marilyn Monroe y la experimentación del día a día, se encargaron de mostrarle las facultades físicas de este material maleable, transformable y obediente con el cual pudo jugar para llegar a crear desde retratos expresionistas y joyería, hasta instalaciones escultóricas de grandes dimensiones. De ahí nacieron obras como La elegancia del alambre, donde el vacío y las ondas del alambre que trabajó, formaban volúmenes que flotaban en forma de atuendos que en un material sencillo, crudo y no muy fino, se volvían elegantes. Eran odas figurativas al tejido y a la estructura.

Dichas esculturas se modificarían más adelante para trascender el tiempo y el movimiento, un movimiento que llegó en forma de secuencia y narraba un concepto entorno al espacio. Esta nueva obra, llamada Movimiento secuenciado, también en alambre, recreaba a través de la división de planos, movimientos parabólicos, lineales, armónicos simples, entre otros. Los objetos en esta obra se proyectaban para crear movimientos que se percibían sin estar presentes. Con hilos de nylon amarrando planos, Jerónimo Villa decidió acercarse a una rama de la física llamada Cinemática.

Su trabajo sigue transformándose, contando historias y proponiendo conceptos. Pero, yendo unos pasos atrás, ¿en qué momento logra entender las artes como un contenedor poderoso de expresión? Es probable que al ser niño y de forma poco consciente se viera influenciado por aspectos de su cotidianidad, que en ese momento, probablemente carecían de sentido. Por ejemplo, las obras y el taller de su padre escultor y la alegre conexión de este con su expresión artística, o su madre enseñandole a dibujar en sus tareas, además de tardes enteras dedicadas a la composición y al entendimiento de la música como otra forma de expresión poderosa.

Desde muy joven, Jerónimo se enamoró de esta disciplina, y decidió estudiarla profesionalmente. Por convicciones personales se retiró de su carrera a muy poco tiempo de concluirla. La música se convirtió en un elemento inactivo pero con una fuerza latente y, simultáneamente, las artes plásticas fueron ganando un gran espacio en su vida. No por esto dejó de adorar la armonía, y de hecho, supo entenderla como un complemento esencial dentro de su expresión plástica. Al conocer las ventajas y desventajas de todos los dos medios, supo tomar lo mejor de su primera pasión e incluirla muy sutilmente dentro de su obra. Asegura que el sonido y el silencio han influenciado en su trabajo.

Además de su estrecha relación con la música, su obra siempre ha estado altamente relacionada con la geometría y la estructura. Desde sus dibujos expresionistas hechos con alambres, hasta su obra actual, la línea, el espacio y la estructura, han permanecido fieles y estables a los conceptos detrás de sus propuestas. Y si bien cada una de sus obras es singular, todas llegan al mismo camino. Un camino que se inicia sin buscar un tema, sino trabajando la obra como tal: cuestionando, construyendo y deconstruyendo. Sus obras surgen como una fuerza de la imaginación que nace de la intriga y la curiosidad y esto lo ha llevado a redescubrir sus propuestas y plantearse nuevas preguntas.

Su mundo se ha ampliado vastamente. Materiales, técnicas, espacio y conceptos siguen extendiéndose. Traperos, escobas, escuadras, monedas, madera, guayas de acero, rocas, entre otras, hacen parte de las dos narraciones que propone actualmente: la maravillosa eternidad de la imposibilidad y el concepto de arquitectura no habitable. La eternidad de lo imposible refleja la firmeza de la tierra a un lado y el abismo al otro, el tiempo congelado en un último paso “como el fósforo acariciando la lija o la pelota de baseball que nunca cae; la tragedia de la paranoia o el trastorno de ansiedad”, dice el artista. Por otro lado, el concepto de arquitectura no habitable es un poema a la estructura y la geometría, que como bien se aclaró, son elementos constantes en sus muestras. Plantea la restricción de habitar un espacio, hecho que amplía la variación de la estructura, las dimensiones e incluso los materiales.

Este ex “alambrista” continúa descubriendo y excavando ideas. El alejarse de su técnica inicial le permitió viajar por por la infinita variedad de técnicas existentes: “Quiero convertir mi taller en una ferretería, una herrería, una bodega de madera, un estudio de video y fotografía, una huerta, en todo”, explica Jerónimo. Hoy su trabajo narra el espacio, lo orgánico, la imposibilidad, la firmeza y el abismo; narra la cultura en sí misma, su cultura y lo que es casi inexpresable con palabras.

Este artículo fue publicado en la edición impresa N. 73. de la ARTE AL LÍMITE. 

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