Rastros de lo que un día fueron

Un trabajo fantástico en el sentido más literal de la palabra. Un juego seductor con interiores exuberantes cargados de recuerdos, y una constante sugestión de las estructuras sociales y la condición humana a través de métodos de producción novedosos que cautivan. Así es su obra.

Karen Knorr es una creadora de fábulas, discursos sociales y encuentros nostálgicos con el pasado. Es una autora de imágenes hipnóticas que dialogan a través de la crítica. Una intérprete de espacios estéticamente poéticos. Su trabajo abarca una infinidad de mensajes poderosos y estilos deslumbrantes, y no es tarea sencilla describirlo sin dejar detalles por fuera. Desde los clubes de caballeros de Saint James en Londres, hasta los lujosos interiores de palacios en la India, esta fotógrafa ha logrado captar la atención de muchos explorando, esencialmente, tradiciones culturales en distintas partes del mundo.

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A los 9 años, Karen descubrió (aunque no lo sabía aún), que quería ser fotógrafa. Recuerda haber tenido una Kodak Brownie a esa edad, pero solo cuando descubrió este medio como una forma de indagación crítica, lo persiguió hasta alcanzarlo. Su madre Betty Luros Knorr era foto-reportera en un periódico de Puerto Rico y tenía un cuarto oscuro, así que muy joven, aprendió a desarrollar sus primero negativos. Sin embargo, su camino en la fotografía se definió después de haber estudiado en Franconia Colegge en EE.UU y arte en París. Más adelante, en el 76, un curso de fotografía en Londres famoso por el enfoque multidisciplinar que abordaba temas como la semiótica, el psicoanálisis y el feminismo, cambió su vida. Su elección luego de esto, fue comprometerse con los problemas sociales yendo más allá de la belleza formal de la imagen. Su interés se centró en provocar al espectador por medio del uso de la crítica y la reflexión.

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Pero no solo esto marcó el curso de su vida. Karen nació en Alemania, creció en Puerto Rico y estudió en París, Londres y EE.UU. La oportunidad que le dio la vida de entender varias culturas, explorar el mundo y llenarse de capas de idiomas, marcaron también su identidad creadora; una identidad flexible y adaptable. Tener su mente dentro de un marco inquieto fue lo que la llevó a estudiar humanidades, arte y fotografía, armas claves para explorar el mundo de las ideas y su propio lugar dentro de este. Esta enamorada de la historia de las ideas, crítica, transgresora y amante de los viajes, encontró en la fotografía una especie de catalizador creador, un espacio visual y mental para aprender acerca de los fenómenos sociales que tanto le interesan.

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En los años 80 por ejemplo, Karen produjo tres series distintas en blanco y negro que confrontan e interroga las estructuras sociales de Inglaterra, las clases, el poder, los valores conservadores patriarcales, entre muchos otros factores. Estas series las llamó: Belgravia (1979-1981), Gentlemen (1981-1983) y Country Life (1983-1985). Alejándose del blanco y negro, Knorr creó también series a color como Connoisseurs (1986 – 1990) y Academies (1994- 2001), donde indaga acerca del patrimonio, la belleza y el gusto de la cultura inglesa por el arte. Asimismo, sobre la posición de la mujer, las minorías en la academia, la producción de obras de arte occidental, su transmisión y su consumo. Creó en estas series, diálogos dentro de la historia de cada lugar, desdibujando los limites entre lo humano y lo no humano por medio del uso de animales disecados.

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Animales…De una forma muy auténtica, los animales empiezan a jugar un papel muy vital en los trabajos de esta fotógrafa. Pero no solo los animales, también se involucra en este juego, un encuentro directo con la tecnología sumado a la maravillosa fotografía análoga tradicional. Su proceso creativo que involucra una cámara gran formato Sinar y muchas horas detrás de una pantalla, llevan al espectador a un viaje mágico en tierras lejanas y espacios fantásticos. Dijo Gabriel García Márquez que “la primera condición del realismo mágico, como su nombre lo indica, es que sea un hecho rigurosamente cierto que, sin embargo, parece fantástico”. Pocas frases podrían describir tan bien los trabajos más recientes de la artista, trabajos que desdibujan los límites entre la realidad y la ilusión como Fables (2003-2008) e India Song (serie 2008-2011 nominado para el Premio de Fotografía Deutsche Börse 2012) y que de hecho están basados en cierta medida en este género literario.

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Estas dos series (entre otras), muy distintas a sus propuestas en blanco y negro de los años 80, son historias seductoras cargadas de sabiduría, pero también ambiguas y abiertas a las interpretaciones de los espectadores. La explosión de colores contrastados narran historias de origen y mitos fundacionales; celebran la rica cultura visual de lugares como la India o Japón, y reinventan fábulas que metafóricamente hablan de la locura humana. Tal como el Panchatantra (colección de fábulas en idioma sánscrito, en prosa y verso, compuesto después del siglo III a. C), Knorr parece ofrecer una enseñanza hablando del mundo animal y su relación con las conductas humanas y sus defectos. Pero más allá de esto, muestra la inmensurable distancia entre los dos mundos, permitiendo (digital y paradójicamente) la intrusión de animales en espacios majestuosamente humanos. Con su técnica, que parece más la de un pintor que pasa horas en su estudio, dedica mucho tiempo entretejiendo digitalmente sus fotografías que captura en lugares muy distantes. Sus animales, fotografiados en zoológicos y reservas animales, llegan a los maravillosos lugares que fotografía, luego de una larga intervención digital.

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Ahora bien, el haber crecido en un país en vía de desarrollo, cerca del mar y rodeada de naturaleza la conectó fuertemente con la belleza natural de los trópicos. El desarrollo despiadado cerca del lugar donde vivía cambió la ecología del lugar por completo y este hecho la marcó radicalmente convirtiéndola en una transmisora de este conflicto entre humanos y no humanos que sigue creciendo de forma abrupta y lamentable. “A este ritmo, ¿qué patrimonio natural se mantendrá? Los tigres en la India están ahora protegidos, mientras que en lugares como China están cultivando partes del cuerpo. La nuevo riqueza en Asia ansía por la afrodisíaca propiedad de cuernos de rinoceronte. Hay una urgencia por fotografiarlos cuidadosamente, pues pronto podrán desaparecer”.

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La fascinación de Karen por los espacios arquitectónicos, la naturaleza, la vida animal y el patrimonio cultural de lugares como India, Japón, Italia y Francia la han llevado además a interpretar de forma poética e intrigante los lugares; lugares que son recuerdos históricos y patrimoniales que muy similar a los animales, sufren. Sufren el impacto del turismo global. Sus fotografías entonces, como lo asegura ella, serán un rastro de memoria de lo que un día fueron esos espacios, aquellos que la hipnotizaron desde el primero momento en que decidió explorar el mundo y contarlo a través de tres elementos que se han vuelto en conjunto su ideal creativo: la sorpresa, el deleite y el desafío. C

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