Políticamente imperfecto

Hace del arte un fenómeno social. A través del dibujo, la fotografía, la instalación y la performance, este artista cubano replantea y reestructura los patrones culturales y las relaciones sociales. De la realidad histórica, política y social, nace su crítica propuesta.

No escogió el arte como medio de expresión, el arte lo escogió a él y desde que tiene uso de razón ha estado sumergido en ese mundo creativo que ahora es su vida. Jesús Hdez Güero nació en La Habana, Cuba, en 1983, pero desde el 2011 vive y trabaja entre Venezuela y Cuba. Estudió artes visuales en la Academia de San Alejandro y en el Instituto Superior de Arte (ISA), ambas, instituciones de su país natal. Hoy hace parte del Taller de Artistas Gráficos Asociados (TAGA) en Caracas. Su proceso de construcción como artista nació de la intuición conceptual, la fluidez y la precisión de las técnicas pero, poco a poco, esa intuición se fue transformando en una práctica mucho más consciente, racional y crítica. Sus preocupaciones artísticas dejaron de ser menos técnicas para convertirse en hechos muy conceptuales, cargados de representaciones sociales y políticas.

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La sensibilidad del artista por el poder, la violencia y la memoria, asegura, está ligada al hecho de haber nacido en un país víctima de la politización, de las memorias sumergidas en el tiempo y de la violencia psicológica como ejes de un discurso de poder del cual es difícil desvincularse a la hora de reestructurar, por medio del arte,  patrones de una realidad social. Paradójicamente, el país que hoy lo acoge como artista, Venezuela, es precisamente una extensión y prolongación de las vivencias que lo han vuelto sensible al ejecutar procesos creativos conceptuales con los cuales busca, en sus palabras, historizar lo que nos historiza”. Es decir, conceptualizar el cómo se ha narrado en el tiempo, la realidad y la historia de los contextos que vive.

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Y esos contextos son de hecho los catalizadores en su obra. Son el centro de todas sus inquietudes artísticas y los soportes de todos sus discursos visuales. El trabajo de este artista no sería posible sin esa dosis de realidad que se consume a diario en los medios sociales y políticos de los cuales hace parte. Obras como Las armas no matan, Capital sin nombre, Mil noticias y un performance, son el ejemplo perfecto de ejecuciones visuales que parten de contextos socio-políticos que sin duda tocan las fibras humanas más sensibles. Al menos en algunos espectadores, la narrativa en sus muestras generan diversas reacciones; incomodidad, cuestionamientos, inconformidad, repudio y desestabilidad; y en otros casos generan diálogos, reflexión, intriga, anécdotas y –paradójicamente en los niños–, algo de goce y diversión (particularmente en la obraLas armas no matan) causada por los elementos (casquillos de bala) que frente a la ingenuidad de un niño, no representan nada más que un juego.

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Y todo esto es precisamente el propósito central de este creativo agitador de convenciones establecidas e ideas potentes, que nacen de los medios y los materiales que utiliza. Dichos materiales son de hecho los portadores de su contenido; traen consigo una carga psicológica, cultural, social y política que mueve a sus espectadores. Un billete, por ejemplo, en la obra de Jesús no es tan sólo un billete, un periódico no es sólo un periódico, un casquillo de bala no es sólo un casquillo de bala, la imagen de un arma (creada con pólvora sobre lienzo) no es sólo la imagen de un arma. Todos los elementos presentes son sensaciones, son problemáticas, son violencia, son expresiones, símbolos de naciones y escombros de historias enterradas. Sus medios de expresión son entonces plataformas de comunicación y evidencias de las contradicciones y los mensajes ocultos de una sociedad poco transparente.

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Inspirado en la simplicidad de las cosas, en las complejidades humanas, las dificultades, las contradicciones y las incomodidades sociales, Jesús Hdz Güero ha logrado impactar dentro y fuera de su contexto nacional. Venezuela ha resultado ser, curiosamente, un escenario idóneo para tratar y poner en evidencia temas tan complejos como los derechos civiles y el control de la información, temas y obras que en algunas ocasiones fueron censuradas en su propio país; mientras que en espectador venezolano, sus obras han activado reacciones que paradójicamente nacen del interés y la sensibilidad  por “lo cubano”, creándose así una experiencia artística relacional entre dos naciones que, de una u otra forma, comparten caminos.

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Este cubano en tierra lejanas ha sabido cómo sintetizar, sin ser obvio, los temas que nadie se atreve a abordar. Ha sabido conmover e incluso molestar con propuestas que están en constante movimiento, tal como lo está la sociedad. Dejándose llevar, Güero cumple con las exigencias de sus ideas, ideas constructoras de un trabajo artístico que según él, es “políticamente imperfecto”. Pero, ¿no es más bien políticamente perfecto?

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